Pietro Ameglio,miembro del Servicio Paz y Justicia (SERPAJ), del Colectivo “Pensar en voz alta”, y del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, hizo referencia a 2 casos: Carola Rackete y Megan Rapinoe son dos jóvenes mujeres capitanas de poco más de 30 años, alemana y estadounidense respectivamente, marinera y futbolista, que en estos días decidieron desafiar a la autoridad, en formas diferentes pero igual de radicales (en el sentido de “ir a la raíz”), para mostrarnos a todas y todos cómo se construye una “frontera moral” en la propia identidad, a partir de “enfrentar” pública y abiertamente a la autoridad que ejerce políticas inhumanas.
Carola Rackete, capitana del barco Sea Watch 3 que es parte de una ONG que realiza rescates de migrantes náufragos en el Mediterráneo, el 29 de junio atracó su barco en el puerto italiano de Lampedusa en Sicilia, desobedeciendo las órdenes que se lo prohibían, embistiendo una lancha de la policía marítima que buscaba detenerla por encontrarse ya en aguas italianas y tener prohibido el desembarco. Salvó así a 40 migrantes rescatados de las aguas del Mediterráneo. Los migrantes y la tripulación estaban al borde de la sobrevivencia y en desesperación total, por eso la capitana tomó esta determinación moral y material, después de esperar un permiso por 48 horas frente al puerto.
Queda claro así que la acción de desobediencia civil de Rackete no fue sólo individual sino que es parte de una larga cultura colectiva humanitaria y de desafío a la legalidad y autoridad en acciones de inhumanidad.
En el caso de Megan Rapinoe ante la posible invitación del presidente Trump al equipo de fútbol femenil estadounidense que competía en el mundial en Francia, manifestó abiertamente la campeona mundial -con Balón y Bota de Oro incluidos- no entonar el himno y llevar la mano al corazón, en virtud a su rechazo a Trump. Se trata de una acción de no-cooperación con la autoridad, al entender que si alguien va a saludar a ese sujeto lo está avalando –directa e indirectamente- en otras acciones, y le está dotando de una mayor “fuerza moral” para seguir sus acciones de inhumanidad.
La acción de ella, al igual que la de Carola, no son sólo actos rebeldes individuales sino que son parte de una cultura colectiva que decide enfrentar pública y abiertamente órdenes de la autoridad responsable de acciones inhumanas.